La historia de la marca Marcilla
La familia creó la torrefactora Dibarcafé, que factura 3 millones y exporta el 20%
La saga de la familia Marcilla empezó por Julián Marcilla Ferri debía de tener unos catorce años cuando, hacia 1912, llegó de Alzira a Barcelona con su padre y un carro con el que repartía leña o carbón. Marcilla empezó a tostar café: “Café rico”, decía, y lo vendía en paquetes de 25 gramos, a los que bautizó con la marca Cafés a la Crema Marcilla.
El negocio creció, tropezó con la guerra y lo volvió a levantar. Pero fueron sus dos hijos, Félix y Enrique Marcilla Pagés, quienes le dieron un nuevo impulso: en los años sesenta compraron maquinaria en Alemania y modernizaron la fábrica del barrio de Sant Andreu, hasta que por cuestiones logísticas en 1979 se trasladaron a Mollet. Hacia 1980 se liberalizó el mercado del café y llegaron las multinacionales. “Marcilla fue la primera empresa española que comercializó café molido al vacío. Mi padre vio claro que teníamos que ser grandes”, explica Julián Marcilla Aurell, de la tercera generación de la familia cafetera. Llegó la holandesa Douwe Egbers (hoy Sara Lee), y “compró primero el 40% y en 1985 se quedó la compañía”.
Fuente: La Vanguardia



